La Hermandad de Pitágoras
Pitágoras fundó una
escuela filosófica y religiosa en Crotona, al sur de Italia, que tuvo
numerosos seguidores. Se llamaban a sí mismos matemáticos (matematikoi), vivían en el seno de
esta sociedad de forma permanente, no tenían posesiones personales y eran
vegetarianos. Hasta 300 seguidores llegaron a conformar este grupo selecto, que
oía las enseñanzas de Pitágoras directamente y debía observar estrictas reglas
de conducta. Sus máximas pueden sintetizarse como:
·
que en su nivel más profundo, la realidad es de
naturaleza matemática;
·
que la filosofía puede usarse para la purificación
espiritual;
·
que el alma puede elevarse para unirse con lo
divino;
·
que ciertos símbolos son de naturaleza mística;
·
que todos los miembros de la hermandad deben
guardar absoluta lealtad y secretismo.
En la Hermandad
Pitagórica eran aceptados tanto hombres como mujeres. Aquellos que no
pertenecían al núcleo duro del grupo eran llamados acusmáticos (akousmatikoi). Estos vivían en sus
propias casas, se les permitía tener posesiones personales y no se les imponía
el vegetarianismo; sólo asistían como oyentes durante el día. Según Krische,3 las
mujeres pertenecían a este grupo; no obstante, muchas pitagóricas fueron
después reconocidas filósofas y matemáticas.
La escuela practicaba el
secretismo y la vida comunal de manera muy estricta, y sus miembros solían
atribuir todos sus descubrimientos a su fundador. De darles crédito, el alcance
y la cantidad de trabajo de Pitágoras tendría una extensión inverosímil;3 aunado
a esto, no se conserva ningún escrito de Pitágoras propiamente, por lo que la
distinción entre sus trabajos y los de sus seguidores es de difícil
demarcación. Las contribuciones de los pitagóricos y su enorme influencia
fueron determinantes para el desarrollo las matemáticas, la astronomía y
la medicina, entre otras ciencias naturales, y es razonable dar crédito
a Pitágoras por muchos de sus hallazgos.7
Con respecto a las
prácticas y estructura interna de la hermandad, sólo algunos trazos
característicos pueden ser considerados fidedignos, como la práctica del ascetismo y
la metempsicosis. Todas las narraciones sugieren que sus miembros
guardaban absoluto hermetismo sobre lo que allí se hacía, y era una máxima
conocida el que «no todo debe
revelarse a todos» (Diógenes, Aristóteles). Las especulaciones
filosóficas, religiosas y políticas más profundas eran posiblemente discutidas
entre los miembros más selectos, mientras que los estudios científicos
ordinarios —matemáticas, música, astronomía, etc. — estaban abiertos a todos
los discípulos. Tenían, al parecer, símbolos convencionales establecidos, que
les permitían identificarse como miembros de la hermandad aún sin haberse visto
anteriormente.nota 7 Escuelas similares se abrieron en Síbari, Metaponto, Tarento y
otras ciudades de la Magna Grecia.3
Se sabe que los
pitagóricos se expandieron rápidamente después de 500 a.C., que la sociedad
tomó tintes políticos y que más tarde se dividió en facciones. En
460 a. C. fueron atacados y suprimidos, sus casas de encuentro
saqueadas y quemadas; se menciona en particular la "casa de Milo" en
Crotona, donde más de 50 pitagóricos fueron sorprendidos y aniquilados.
Aquellos que sobrevivieron se refugiaron en Tebas y otras ciudades.

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